Un desgarrador grito se oyó en todo el palacio real de Vanis. El piso era de piedra. Las paredes estaban recubiertas de papel floreado con pan de oro. Tenía una chimenea de piedra, un tocador, un lavabo, un placard y la cama. Sobre la cama había una mujer. Istimiel era la hechicera bajo el amparo de la familia real de Vanissar. Era una mujer hermosa, de ojos azules y largo pelo rubio.
- Una vez más mi señora- dijo Sisina, la doncella de Istimiel.
Sisina era una niña. Apenas tenía dieciséis años. Era alegre, dócil y servicial, por eso Istimiel le tenía tanto cariño. Prácticamente la había criado ella desde los diez años de la chica, cuando llegó a Vanis. Zaisei le secó el sudor con un paño. Zaisei era amiga del príncipe Alsan de Vanissar. Realmente era la mujer de Shail, el mejor amigo de Alsan. Olimpia le agarró la mano. Olimpia era la prometida del príncipe de Vanissar, por lo que sería la futura reina. Otro grito rasgó el aire. Istimiel cayó rendida sobre la cama, agotada y sudorosa. Segundos después el llanto de un bebe sustituyó a los gritos.
- Enhorabuena- dijo Zaisei con una sonrisa.
- Acá tiene mi señora- dijo Sisina- Es una nena.
Un bebé rosado, sucio y gritando a pleno pulmón fue depositado sobre el pecho de la joven madre.
- Es hermosa- dijo Istimiel con lágrimas en los ojos.
- Será muy poderosa- dijo Olimpia acercándose a la ventana desde la que se venían esos tres discos en el cielo.
Era la noche del triple plenilunio. Cuando Erea, Ilea y Ayea estaban en la fase de luna llena. Erea era de color plateado y la más grande de las tres lunas. Era la luna de Irial, la diosa de la luz. Ilea era la segunda luna en tamaño, era de color verdoso y estaba dedicada a Wina, la diosa de la vida. Ayea era la luna de menor tamaño, de tono rojizo y dedicada a Neliam, la diosa del mar. Esa noche las tres diosas se habían reunido en el cielo para bendecir la llegada de la pequeña Lindariel. Sisina separó a madre y a hija para asear a la beba. Olimpia ayudó a su amiga Istimiel a asearse mientras que Zaisei cambiaba la ropa de la cama. Vistieron a Lindariel con las vestiduras típicas de un bebé recién nacido y la colocaron en su cuna. Solo cuando ambas estuvieron aseadas y descansando, Liberto tenía permiso para entrar a verlas. Liberto Calderone era el marido de Istimiel, y padre de Lindariel. Y formaba parte de los guerreros de Vanissar.
- Estoy preocupada por la profecía- dijo Istimiel.
- No pensés en eso ahora, amor… relájate… descansá… esta noche has tenido mucho trabajo.
Liberto se quedó sentado en la cama, al lado de su esposa velando su sueño. Acariciando sus cabellos. Después se inclinó sobre la beba, en su cunita. Se sacó algo del bolsillo. Refungió bajo la luz de Erea, el oro labrado por los enanos. Lo pasó por su cuello. Era una medalla con forma de hexágono con su nombre grabado.
“La única con poder para derrotar al Ángel Caído se acerca… Nacida de la que le desafió tres veces, vendrá al mundo al concluir el décimo mes…Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida… La única con poder para derrotar al Ángel Caído nacerá al concluir el décimo mes, la noche del triple plenilunio”

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