Peter echó un último vistazo a Mariana mientras que la joven doncella se la llevaba por el pasillo adelante. Peter suspiró y se dirigió al despacho de su viejo. Debía informarle de todo lo ocurrido cuanto antes. Nicolás era un hombre alto, fuerte, rubio de ojos verdosos con una fuerte presencia. Tenía el pelo ligeramente ensortijado y lucía barba. Y una cicatriz en la mejilla, recuerdo de la guerra.
- ¡Peter!- dijo él levantando la mirada- ¡Qué bueno que estés de regreso!.
Padre e hijo se fundieron en un abrazo. Nicolás había estado a punto de enviar un par de soldados en busca de Peter, se había demorado demasiado en regresar.
- ¿Qué ha ocurrido? Esperábamos que regresases antes.
- Pues verás padre…
Su respuesta fue interrumpida porque la puerta de acceso al despacho de Nicolás se abrió. Un joven caminó con soltura hacia Peter y le abrazó. El príncipe Pablo era el primogénito de la familia real de Eudamón. Era alto, fuerte, morocho con ojos claros, lindo y extremadamente inteligente, responsable y cauto. Tres cualidades importantes en el que estaba llamado a ser el futuro Rey.
- ¡Bienvenido hermano!- dijo Pablo.
- Gracias- dijo Peter.
- Llegás tarde- le recriminó Pablo a su hermano pequeño, con tono paternal- Muy impropio de vos.
- Ahora iba a contarle a padre lo ocurrido- dijo Peter en su defensa.
- Me dijeron que llegaste con compañía- dijo Pablo con una media sonrisa.
- No es lo que pensás- dijo Peter.
- ¿Estás seguro? No es habitual verte en compañía femenina. Decime… ¿Qué tiene de especial?.
- ¡Es una bruja!- dijo Peter.
- Vaya, siempre pensé que preferías las damiselas en apuros. Pero una bruja también está bien.
Nicolás no pudo hacer otra cosa más que sonreír ante la pequeña discusión de sus dos hijos. Era cierto que para el resto del reino, eran los príncipes. Pero dentro de esos muros, eran una familia. Los miró detenidamente. Se parecían físicamente, por algo eran hermanos. Pablo era el consejero perfecto. Era sensato, observador y con la palabra justa para cada situación. En cambio, Peter era el guerrero, valiente e intrépido. Siempre preparado para una nueva aventura.
- Ahora podríamos escuchar tu historia, Peter- dijo el Rey dando zanjada la disputa entre sus dos hijos. Ambos asintieron y Peter pasó a relatar lo ocurrido.
- Orcos en el bosque- dijo Nicolás con gesto grave.
- Las noticias que yo traigo no son mejores. Ha llegado un mensaje del Rey Alsan de Vanissar diciendo que se vuelven a ver orcos cerca de las montañas. El mensajero es Nico- dijo Pablo a su hermano Peter.
- ¡Por fin una buena!- dijo Peter. Nicolás y él habían estudiado juntos en la academia de Nurgon y se habían hecho muy amigos. Él formaba parte de la nobleza de Vanissar, otro de los reinos que había en Eudamón.
Justo en ese momento llamaron a la puerta, y la doncella que se había llevado a Mariana asomó la cabeza. Con la mirada pegada en el piso anunció la presencia de la invitada, o prisionera como quisiera mirársele. Una avergonzada Mariana entró adentro de la sala. Toda su valentía se había esfumado. Odiaba aquel vestido que se colaba entre sus piernas al caminar y que además la hacía sentirse todavía más insegura. Tenía las mejillas y el cuello todo rojo. Y tenía la mirada de un potrillo recién nacido, todo temblor y miedo. Peter sintió algo dentro de su pecho. No sabía explicar que era. Mariana estaba realmente hermosa. Más que eso. No había palabras para describirlo. Y después estaba esa rara sensación de protección que tenía hacia ella. Como si en el fondo el corazón le estuviese diciendo que no tenía nada que temer de ella. Pero su sentido común siempre acababa imponiéndose. Nicolás observó con mucha atención a la muchacha que caminaba hacia él. Parecía muy joven, de cabello y ojos negros, la piel bronceada por el sol, esbelta pero un poco petisa. Avanzaba con paso inseguro mientras contemplaba la decoración de la sala.
- Bien- comenzó Nicolás- Peter nos ha contado todo lo ocurrido. ¿Podés darnos alguna explicación de porque estabas en el bosque?
- No se cómo llegué al bosque.
- Explicanos lo que pasó.
Mariana pasó a relatarles la historia. Desde que había salido del laburo en dirección al río hasta que se encontró con Peter. Todo bajo la atenta mirada del Rey Nicolás y del Príncipe Pablo. Eso le hacía sentirse increíblemente incómoda.
- Y entonces fue cuando Peter me encontró. Y haciendo gala de esos buenos modales que se supone debe tener un príncipe, solo intentó matarme dos veces- dijo con sarcasmo.
Nicolás y Pablo la miraron divertidos. Mientras que Peter la miraba enojado. Por qué tenía que haber dicho eso.
- Parece que sabés más sobre Eudamón de lo que decís- afirmó Pablo. La había estado escuchando atentamente y hablaba con demasiada naturalidad de lugares que afirmaba acabar de conocer.
- Bueno… Mmmm- Mariana se preguntó qué opciones tenía. No podía mentir. Los miró uno por uno. Y suspiró- Cuando era chica, mi papá me contaba cuentos sobre Crónicas de Eudamón. Son unos libros muy famosos que hasta ahora yo creía que eran fantasía épica. Pura ficción. Mi papá era experto en estos libros. Los escribió una tal Valeria Gutierrez.
- Sos consciente de lo irracional de lo que nos cuentas ¿verdad?- dijo Nicolás.
- Pero no deja de tener sentido- dijo Pablo- Al fin y al cabo apareció de la nada. El nombre de Valeria Gutierrez me suena mucho…
- Los doce guardianes de Eudamón- dijo una voz femenina entrando en la sala
Mariana se giró y vio a una mujer hermosísima. Tenía el pelo rubio y ensortijado, recogido en un bonito moño con un vestido de color granate.
- Valeria Gutierrez y Ramiro Ordoñez guardan el portal de la diosa Wina.
- ¿Los guardianes de las viejas escrituras?- preguntó Pablo.
- Sí. Decime… ¿Cuál es tu guardián favorito?
- Si me tengo que quedar con uno… obvio que con Marianela. Es fuerte y frágil a la vez. Pero cuando vienen mal dadas, ella siempre pelea.
- ¿Qué pensás hacer con ella padre?- preguntó Peter.
- Su historia no deja de ser extraña, pero no parece mentir. Creo que lo adecuado sería que el venerable tic tac la viese. Nico partirá pronto hacia Vanissar. Peter, quiero que vayás con él y llevés a la joven con vos.
Mariana suspiró. Más viaje con el príncipe tarado ese. Solamente esperaba que el tal Nico fuese más divertido que Peter, por que si no el viaje se le haría eterno.

maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas
ResponderEliminarme encantaa lo sabess
ResponderEliminarquiero masss
subiii mas!
ResponderEliminarlo mas la noveeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee
ResponderEliminarme encanntaaaaaaaa